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El vino y la música han estado ligados siempre. Ambas son obras del hombre que nacen de una profunda fuente de inspiración o de un trabajo y estudio dedicado. Degustar un vino es reconocer en él la materia prima que lo forma, las uvas, la región, la tradición y las personas que le dan vida con sus cuidados. La Ópera, por su lado, es el género que reúne en sí casi a todas las bellas artes; la Literatura, el Teatro, la Danza, la Música…. A lo largo de este experimento podrán degustar un vino que modificará su sabor. Lo hará no por poder propio, sino por el poder de la Ópera. Descartando la parte subjetiva, el experimento mostrará una realidad más allá de los sentidos, que creará un cambio en los mismos y su manera de percibir las cosas por un lado, y por el otro nos hará comprender el poder que tiene sobre lo que creemos dado, sobre la materia que creemos tiene su propiedad ya adquirida. Cómo aquello que nuestro oído percibe dulce, nuestro gusto agrio; lo que parece enérgico se vuelve insípido; lo que parece sobrio, escandaloso; y lo amoroso, vengativo. La investigación basada en la teoría cognitiva establece que la música estimula áreas específicas del cerebro, preparándolo para que responda de cierta manera ante el vino y favorezca su sabor al paladar.